El mecanismo, a la vista.
Se ve andar.
Y se lleva puesto.
Un skeleton no es para guardar en una caja. Es para que se vea: en una reunión, en una cena, en el gesto de mirar la hora.
Qué estás mirando.
La esfera está calada. Lo que ves girando es el tren de ruedas del calibre, no un dibujo impreso.
Avanza seis veces por segundo, así que la aguja se desliza. Un cuarzo da un salto por segundo.
Van montados uno por uno sobre la esfera, no impresos. Cada uno carga material luminiscente.
Dureza 9: solo el diamante lo raya. Con tratamiento antirreflejo.
Apagá
la luz.
Los índices y las agujas juntan luz durante el día y la devuelven de noche. No hay botón, no hay pantalla: solo el material.
Lo usás un día.
Anda casi dos.
El rotor guarda energía mientras lo tenés puesto. Cuando te lo sacás, sigue andando cuarenta y dos horas más. Si se para, lo movés y arranca: no hay pila que cambiar, nunca.
El mecanismo, a la vista.
Se ve andar.
Y se lleva puesto.
Un skeleton no es para guardar en una caja. Es para que se vea: en una reunión, en una cena, en el gesto de mirar la hora.
Qué estás mirando.
La esfera está calada. Lo que ves girando es el tren de ruedas del calibre, no un dibujo impreso.
Avanza seis veces por segundo, así que la aguja se desliza. Un cuarzo da un salto por segundo.
Van montados uno por uno sobre la esfera, no impresos. Cada uno carga material luminiscente.
Dureza 9: solo el diamante lo raya. Con tratamiento antirreflejo.
Apagá
la luz.
Los índices y las agujas juntan luz durante el día y la devuelven de noche. No hay botón, no hay pantalla: solo el material.
Lo usás un día.
Anda casi dos.
El rotor guarda energía mientras lo tenés puesto. Cuando te lo sacás, sigue andando cuarenta y dos horas más. Si se para, lo movés y arranca: no hay pila que cambiar, nunca.